Esta es una comarca de gran valor para todos los amantes del arte y la historia.
Cada parada en el camino tiene un regalo excepcional, ya que estas tierras conservan multitud de vestigios desde los orígenes del hombre hasta la actualidad.
Famosos son los grabados rupestres y petroglifos.
Celtíberos, concretamente vacceos, ocuparon buena parte de esta tierra, siendo Coca, entonces Cauca, el centro económico y social de su comunidad. De esta época proceden los verracos celtíberos.
Conquistados estos pueblos por los romanos, los poblaron durante siglos, de ahí la gran cantidad de restos arqueológicos hallados, villas, ciudades y necrópolis. Muchos de estos restos están recogidos en el Museo Romano de Paradinas.
De los visigodos poco queda, restos de murallas defensivas, que más tarde aprovecharon moros y cristianos.
Castillos y torres de defensa hicieron falta para conservar la tierra reconquistada. Muchos de estos pueblos deben su nombre a esta época, en la que los reyes los cedían a monjes, nobles y comunidades enteras, que emigraban con el objetivo de repoblar estas tierras.
El medievo fue una era de campesinos, pastores y milagros, de vírgenes aparecidas en cuyo honor se construían ermitas, iglesias, monasterios e incluso se fundaban villas como la de Santa María la Real de Nieva.
Se conserva la majestuosidad y belleza de palacios, casas, antiguos monasterios, iglesias, ermitas, cruceros, enormes pilas bautismales... y hasta una decena de bellísimos órganos barrocos.
Y es que esta tierra posee un gran tesoro patrimonial donde todos los estilos del medievo, época prolífica en arte religioso, están representados: sorprendentes mudéjares, excelentes ejemplos del románico, gótico, renacentista, churrigueresco, rococó...
Además, para nuestro deleite, podemos descubrir las pequeñas joyas de grandes artistas que llegaron hasta la Campiña Segoviana: Gregorio Fernández, El Greco, Gil de Hontañón, Berruguete, Zurbarán, Pedro de Mena...